Jordi Cebrián
Una amiga mía se compró
una comadreja, que resultó ser muy caprichosa. El bicho no quiere estar en la
jaula, así que campa a sus anchas todo el día. Tampoco quiere comida de lata,
sino sólo refinados guisos, y se enfada si la comida no está a tiempo. No muerde,
pero enseña los dientes a la mínima. Cuando ella llega del trabajo, las
botellas de licor están vacías, y la comadreja duerme en el sofá, con la tele
encendida, toda la casa sucia y revuelta. Y ya lleva días insistiéndole en que
el piso esté a nombre de los dos.
(Tomado de www.cienpalabras.blogspot.com)
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